Deporte intenso y dietas restrictivas. ¡Ojo a nuestras hijas adolescentes!

Aunque es menos frecuente en chicos, se da una mayor predisposición en chicas adolescentes, sufrir algún tipo de trastorno alimentario.

PRIMERAS MANIFESTACIONES

En el caso de combinar deporte intenso y dieta muy restrictiva, el comienzo de un trastorno alimentario, puede empezar con una simple falta de apetito; pero que puede resultar un factor clave para desencadenar un desorden alimentario mayor.

La baja ingesta de alimentos, unida a una elevada e intensa actividad física, puede suprimir el apetito (técnicamente llamada anorexia) y/o alterar los patrones del hambre. Además, otros factores como son el rechazo o el miedo a ganar peso, a sentir molestias digestivas por la ingesta de alimentos antes o después de hacer deporte, o la propia disciplina autoimpuesta en cuestión de horarios y objetivos a alcanzar, influyen de forma aún más negativa en un patrón alimentario correcto.

EL CANON DE BELLEZA EN EL PUNTO DE MIRA

Si a todo esto le añadimos una obsesión desmedida por la imagen corporal, por estar muy delgados;  unido todo a otros factores propios del ambiente psicosocial de la persona, como es la disciplina férrea, la presión en el “grupo de iguales” o de los medios de comunicación y redes sociales, una baja autoestima, etc, nos podríamos encontrar con las primeras manifestaciones de una alteración alimentaria que podría conducir a un trastornos graves, como son la anorexia o la bulimia.

NUESTRAS ADOLESCENTES

La adolescencia femenina se señala como un periodo particularmente crítico, debido a que el desarrollo puberal entra en conflicto con el ideal estético que marca nuestra sociedad, cada vez más alimentado por los medios audiovisuales y el uso de internet.

Los estudios confirman que las mujeres tienen una mayor predilección, precisamente, por aquellas actividades deportivas que tienen más que ver con una visión estética e individual; y por tanto, fuertemente ligada a la propia imagen corporal. Es en este tipo de deportes, a los que debemos prestar mayor atención y ser más vigilantes sobre los comportamientos alimentarios de nuestras hijas, tanto los padres o tutores, como los entrenadores.

Autor: Francisco Soler. Nutricionista