Lo llamamos hambre cuando en realidad es sed

No te imaginas la cantidad de calorías de más que puedes dejar de ingerir si escuchases mejor a tu cuerpo.

 Me explico:

Muchas veces al día creemos que tenemos hambre, comemos de forma compulsiva, muchas veces durante todo el día; y sin darnos cuenta de que realmente, lo que nuestro organismo nos está pidiendo es agua. Es más, en ocasiones, echamos la culpa a ese cajón desastre que llamamos «ansiedad».

¿Se puede confundir la sed con el hambre?

Efectivamente, así es. Esto se produce porque las señales que el cerebro envía demandando alimentos o agua se realiza a través de las mismas hormonas: leptina y grelina, pero con una salvedad; y es que la señal que se emite para pedirnos  agua es mucho más débil que la del hambre. Solamente cuando nuestras reservas de agua empiezan a caer de forma alarmante es cuando nuestro cuerpo nos pide con más intensidad el agua que le falta. A esta señal de alarma se le llama “sed”.

Claro está, cuando empezamos a satisfacer las necesidades hídricas de nuestro cuerpo ya habremos ingerido una gran cantidad de calorías de más.

¿Qué debemos hacer?

Yo aconsejo tomar a lo largo del día 3 litros de agua mínimos, ahora que ha llegado el calor. La mejor forma es tener siempre un vaso o una botellita de agua al lado e ir bebiendo con relativa frecuencia. Es la mejor forma de recordarnos a nosotros mismos que debemos beber.

Los beneficios de tomar agua suficiente son innumerables: nuestro cerebro funcionará mejor, ya que mejora el riego sanguíneo; por otro lado, facilitaremos el trabajo a los riñones, nuestro metabolismo estará aumentado, evitando por otra parte la acumulación de energía y otros muchos beneficios más. Es decir, nuestros órganos internos funcionarán de forma óptima.

Autor: Francisco Soler (NUTRICIÓN CORPORE SANO)